¿Cómo lidiar con los antojos sin descuidar tu nutrición?
- Licelott Felix
- 1 jun
- 3 Min. de lectura

Estás embarazada o acabas de tener a tu bebé, y de repente te dan unas ganas locas de comerte un pedazo de bizcocho, una empanada bien grasosa o ese chocolate que te mira desde la nevera. ¡Tranquila, no eres la única! Los antojos son normales, y muchas veces son parte del proceso hormonal y emocional que se vive durante el embarazo y la maternidad.
Pero aquí va la pregunta clave: ¿Cómo satisfacer esos antojos sin descuidar tu nutrición ni tu bienestar?
Hoy te traigo una guía práctica, hablada claro y sin complicaciones, para que aprendas a balancear esos gusticos sin dejar de cuidarte a ti ni a tu bebé.
¿Por qué nos dan antojos?
Durante el embarazo y el postparto, las hormonas están alborotadas. Eso puede afectar tu apetito, tus emociones y hasta tu olfato. A veces no es hambre real, sino ansiedad, cansancio o simplemente ganas de darte un mimo.
También puede pasar que tu cuerpo esté pidiendo ciertos nutrientes, y lo manifieste con antojos. Por ejemplo, si te da con comer carne roja, puede que necesites hierro. Lo importante es escucharte sin juzgarte.
¿Comer lo que me da la gana está mal?
No necesariamente. Aquí no se trata de vivir a dieta ni de sentir culpa cada vez que te comes algo rico. Se trata de tener equilibrio, para que ni tú ni tu bebé salgan perjudicados.
Darte un gustico de vez en cuando no está mal. El problema está cuando los antojos dominan todas tus comidas, o cuando usas la comida como escape emocional todo el tiempo.
Tips para manejar los antojos sin descuidarte
1. No te saltes las comidas
Cuando pasas muchas horas sin comer, es más fácil que aparezcan los antojos, y más difícil decirles que no. Haz tus tres comidas principales y dos meriendas si puedes. Mantén tu estómago feliz y no tan vacío.
2. Haz versiones más sanas de tus antojos
¿Quieres bizcocho? Haz uno en casa con menos azúcar. ¿Se te antojan papitas fritas? Hazlas al horno. ¿Te mueres por un dulce? Prueba frutas congeladas o yogurt natural con un chorrito de miel.No se trata de prohibirte, sino de buscar alternativas.
3. Hidrátate bien
Muchas veces confundimos sed con hambre. Ten siempre una botellita de agua a mano. Puedes agregarle un poco de limón o pepino si no te gusta el agua sola. Mantenerte hidratada también mejora la digestión y te da más energía.
4. Identifica los antojos emocionales
A veces no es hambre física, sino cansancio, tristeza o estrés. Cuando eso pase, respira hondo, tómate un té, sal a caminar o habla con alguien. Poco a poco aprenderás a identificar si realmente tienes hambre o si solo estás buscando consuelo.
5. No te castigues por darte un gustico
La culpa no te va a hacer más saludable. Si te comiste un dulce, disfrútalo sin remordimientos y sigue tu día con normalidad. Una comida no arruina tu salud, así como una ensalada no la garantiza. ¡Todo es cuestión de balance!
Ideas de snacks saludables para calmar antojos
Aquí te dejo algunas meriendas fáciles y nutritivas que puedes tener a mano cuando te ataquen los antojos:
Yogurt griego con frutas y nueces
Batida de avena, banana y leche de almendras
Galletas integrales con mantequilla de maní natural
Palomitas de maíz hechas en casa sin mucha sal
Trocitos de chocolate oscuro (mínimo 70% cacao)
Guineo (banana) con canela
Queso bajo en grasa con galletitas de avena
Tostadas integrales con aguacate
¿Qué pasa si me doy todos los gustos?
Mira, si todos los días desayunas pan dulce, almuerzas fritura y cenas pizza, ahí sí hay que poner atención. No porque esté “prohibido”, sino porque eso afecta tu energía, tu digestión y el desarrollo de tu bebé si estás embarazada.
Una alimentación desbalanceada puede causar aumento de peso excesivo, problemas de azúcar en sangre, hinchazón o falta de nutrientes importantes.
La idea es cuidarte sin que eso se vuelva una presión, pero sabiendo que lo que comes tiene impacto en tu cuerpo y en tu estado de ánimo.
Escoge lo que te hace bien (y te gusta)
Comer saludable no tiene que ser aburrido ni caro. Hay muchas formas de preparar comidas ricas, típicas y nutritivas que alimenten tu cuerpo y tu alma.
Ejemplo: un moro con habichuelas, aguacate y huevo hervido puede ser una comida equilibrada. Un locrio de vegetales o un sancocho con más viandas y menos grasa también funciona. La clave está en la forma en que cocinas y en las cantidades que consumes.
Los antojos forman parte de esta etapa. No te castigues por tenerlos, pero tampoco los dejes controlar tu alimentación. Con pequeños cambios y mucha paciencia, puedes satisfacer esos gusticos sin descuidar tu salud.
Recuerda: eres humana, estás haciendo lo mejor que puedes, y mereces cuidarte con amor y sin culpa.
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